“Tú eres el que tiene que hacer el esfuerzo

Los maestros sólo te señalan el camino”

BUDA[i].

 

 

APORTES DE UNA ESPIRITUALIDAD HOLÍSTICA

A UN COMPROMISO ÉTICO Y POLÍTICO.

ENCUENTRO ENTRE HOLISMO Y NEO-ANARQUISMO

 

 

        Hemos venido desarrollando en los últimos tiempos investigaciones sobre la Filosofía y la Espiritualidad holísticas, y hemos dicho varias veces que buscaríamos también sus consecuencias ético-sociales. Algo así como una Socioholística. Porque, desgraciadamente, todavía hay mucha gente que piensa que la Espiritualidad es algo alienante, pérdida de tiempo, “haraganería artistocrática”, “espiritualismo” (algo así como vivir en una bella esfera, pero alejad@s de la realidad). Se piensa que la Espiritualidad, aunque sea holística, poco tiene que ofrecer a la solución de los difíciles problemas por los que atraviesa el subcontinente latinoamericano-caribeño en torno a la pobreza-miseria, exclusión social, falta de real participación política con estas democracias formales, opresión étnica y de género, e incluso en torno a la marginación por la preferencia sexual.

 

        En realidad, es muy difícil erradicar prejuicios…,  mientras no seamos conscientes que son eso, meros pre-juicios, que no han sido realmente verificados/contrastados con la experiencia. De algunas maneras, posiblemente “alienantes”, de vivir la Espiritualidad, no podemos generalizar indebidamente.

 

        Las páginas a continuación pretenden ser una modesta contribución a cambiar estos prejuicios y a ofrecer algunas pistas de salida, desde la Espiritualidad, para los problemas que nos aquejan. Más bien nos aportan otra metodología, una metodología alternativa, para intentar superar los problemas. Esta Espiritualidad aquí descrita podemos categorizarla como una Espiritualidad Fundamental, es decir, una Espiritualidad que está a la base de las diferentes tradiciones religiosas históricas. Ellas, en diferentes culturas, expresan estos valores profundos, más allá del diverso ropaje cultural religioso de cada una[ii].

 

1. Pero, en primer lugar, debemos intentar brevemente explicar en qué consiste una Espiritualidad Holística. El vocablo ‘Holística’ hace referencia a una vivencia de totalidad, a una experiencia de no fragmentación de la vida humana y de toda la realidad. Vivimos sumamente divididos por nuestro pensamiento-ego. Él es el que crea la división entre sujeto y objeto, entre ‘yo’ y ‘no-yo’ (es decir, entre yo y lo/l@s demás), entre mente y cuerpo, entre religión y política, entre cielo y tierra, entre sagrado y profano. Todas estas divisiones, estos dualismos, son producto de la mente, pero no son totalmente “reales”. Nos permiten funcionar bien en este mundo competitivo, racionalizador, anhelando el placer por encima de todo (hedonismo), la acumulación cuantitativa de bienes, títulos, méritos, éxitos. Tiene una cierta operatividad y en eso consiste su valor.

 

        Desde el punto de vista de una sana Espiritualidad (desde las grandes tradiciones de la ‘Philosophia Perennis’, que hablaba Aldous Huxley[iii]) todo esto no pasa de mera ‘ilusión’, es decir, de apariencias sin Fundamento. En las Espiritualidades de la India esto es lo propio del ‘samsara’, la corriente de los nacimientos y renacimientos, el flujo encadenante del nacer-morir-renacer, sin liberación.

 

2. Por eso, una Experiencia Holística es una Espiritualidad fundamentada en el Todo, y que, desde ahí, busca la multiplicidad y la particularidad. Este Todo, esta totalidad, solamente es captable más allá del pensamiento, las imágenes y las emociones. Podíamos hablar así de una ‘Intuición transcendental’. Es una visión (no meramente conceptual, sino integrativa) de que toda la Realidad es Una. O mejor, una experiencia profunda de ‘júbilo’ por “sentir”(vivenciar) la unidad de todas las cosas. “Sentimos”, de la manera más espontánea y sencilla, más allá del pensamiento, que no somos distint@s de todas las cosas, que formamos una profunda unidad con todo. Esto es además profundamente ecológico.

 

        Esta Espiritualidad implica una perseverante y continua práctica de la Meditación sin objeto o sin contenido, como práctica central. Pero no hay una relación mecánica, inmediatista, de práctica e ‘iluminación’. La ‘experiencia holística’ surge, nadie la controla, aunque la práctica continua, perseverante y con una gran dosis de voluntad ayuda a madurar al propio sujeto, ayudándolo a quitar obstáculos para percibirla.

 

        Siento que l@s budistas tibetan@s la explican de una manera muy interesante y pedagógica. En efecto, ell@s distinguen entre la ‘mente ordinaria’ y la ‘naturaleza de la mente’. La ‘mente ordinaria’ es la mente nuestra de cada día vivida en egocentrismo, estrecheces de horizontes, mezquindades y condicionamientos de todo tipo (‘mente condicionada’). Es la mente de la separatividad y la dualidad. Por el contrario, la ‘naturaleza de la mente’ es la ‘mente oceánica’, la mente en su máxima potencialidad, que para un/a budista tibetan@ es omnipotente, omnisciente, etc. En este sentido, la experiencia holística, la ‘experiencia-cumbre’, ‘experiencia clímax’ o ‘experiencia trascendental’, según la terminología de Abraham Maslow, es la experiencia primordial de la ‘naturaleza de la mente’.

 

2. La Experiencia Holística (EH, en adelante) es, por lo tanto, una experiencia superadora de la dualidad y separatividad en que normalmente nos movemos. Es ‘sentir’ que todo está integrado y nosotr@s con todas las cosas. Es una sensación de plenitud, de ‘júbilo’, de sentirnos bien con todo. La identidad se torna colectiva, por decirlo de alguna manera. Y sobreviene un estado de profunda felicidad, más allá de lo que podemos describir con palabras o conceptos. En último término, es inexpresable, es inefable, es incomunicable. Pero es experienciable por diversas personas. Quien la ha experimentado es muy posible que sepa entender a quien también la ha experimentado. Así como un/a músic@ puede percatarse de quien es verdaderamente músic@ (y artista), aunque toque otro instrumento. O incluso aunque practique oto tipo de Arte (Literatura, Pintura, Escultura…). Hay un ‘algo’, un ‘espíritu’ que ‘el/la profan@’ no capta y sí lo hace el verdadero artista. ¡Imposible de describir! ¡Pero “está-ahí”! El Arte, como la Espiritualidad, es más que la mera técnica, aunque la necesite. ¡Es ante todo Espíritu!

 

        Es, por lo tanto, una experiencia de unidad total, de integración, de no dualismo. No es algo para ser pensado con la cabeza o imaginado. Es una experiencia total para quienes la han experimentado. Evidentemente, puede tener diversas intensidades, en la misma o entre diversas personas. Sin embargo, tiene siempre un carácter de ‘ultimidad’, de ‘totalidad’, de ‘radicalidad’. ¡Sólo quien la experimenta la “comprende”!

 

3. Brevemente descrita,  ésta es la EH. Pero ahora podemos preguntarnos: ¿Qué repercusión social tiene esta experiencia? Parece más bien algo individual (e incluso ‘individualista’, para algun@s crític@s), que solamente puede traer beneficios a quienes la experimentan. Sin embargo, en nuestra opinión, este no es así, es sólo un pre-juicio más sobre este tipo de cuestiones.

 

        En nuestra opinión, una persona liberada, una persona auto-realizada, es la persona más apta para luchar por una transformación en el mundo, porque ella misma se ha transformado. Precisamente, según la concepción del Holismo, ya que el Todo está en cada parte (por paradójico que resulte decir esto). Si alguien cambia o tiene una experiencia tan profunda como ésta, el mundo cambia ya con él. Tampoco estamos diciendo aquello de que primero cambiar uno y después cambiar el mundo (a lo que se podría contraponer igualmente con sentido la tesis contraria: cambiar la sociedad para que un@ cambie también; en realidad pienso que ambas tesis son verdaderas y no son contradictorias, sino integrables, articulables). En realidad, se trata más bien de decidirse por el Cambio Total, tanto personal como colectivo.

 

        Quedarse meramente en lo personal, además de que esto es imposible, sería como establecer fronteras, lo cual es anti-holístico. Tampoco es para quedarse en un abstracto cambio de la sociedad, que al no darse (o, al menos, tal como nos gustaría), en el fondo nos incapacita (lo macroestructural nos parece tan incomensurable, que caemos en un pesimismo esterilizante) o nos autoengañamos (no cambiaremos hasta que todo el mundo cambia: ¡así nadie cambia!¡Así nos justificamos nuestra vida contradictoria, en la antítesis entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos!). Desgraciadamente, hay muchos “revolucionarios”, supuestamente “radicales”, que son unos “pequeño-burgueses” en su vida cotidiana, además de unos machistas (muy “feministos” de boca para fuera) y unos autoritarios disimulados (¡o sin tan disimular!).

 

        La actitud ético-política (política= el Bien Común, el bien de toda la polis) que me parece, pues, más coherente es la de aquel cuentecito oriental breve. El discípulo se presenta ante el maestro y le dice: “Vengo a ofrecerte mis servicios”. Y el maestro le contesta: “Si renuncias a tu ‘yo’, el servicio brotará automáticamente”[iv].

 

        Efectivamente, si alguien quiere ser un ‘activista (no me gusta mucho la palabra) social’ lo mejor que tiene a hacer es ‘dejar su ego’. Quien ha superado su ego (su mente egocéntrica, esto es, sus contra-valores egoístas) es quien está realmente capacitado para llevar algo adelante que sea realmente transformador. Desgraciadamente, se confunde fácilmente ‘lo revolucionario’ con actitudes de radicalismo meramente verbal, con actitudes autoritarias y violentas. A nuestro entender, la radicalidad y el cambio no vienen por ahí.

 

        Precisamente, lo más propio de un estilo de vida (me gusta más esta palabra que la de ética, demasiado entrampada en el dualismo del ‘ser’ y del ‘deber ser’) holístico es la coherencia de vida, que integra coherencia total de pensamiento-sentimiento-palabra-acción. Deberíamos reflexionar muy a fondo sobre lo que es ‘transformación’. Tod@s hablamos demasiado rápidamente sobre ello, especialmente a nivel social, pero habría que preguntarse realmente qué es y trabajarlo. Importa también preguntarse cómo se da (la mayor parte de las instituciones políticas, especialmente partidos políticos, por muy de izquierda que sean, predica la “democracia para mañana”, porque hoy, de hecho, no la viven, sino más bien las decisiones de unos poquitos sobre la mayoría; así un “socratismo popular” preguntaría: ¿Cómo es esto de que siendo autoritario hoy seré demócrata mañana? ¡’Mañana’ no existe! Si no empieza ya la democracia hoy por mi vida y la de quienes nos rodean, nunca será realidad… Lo más bonito del estilo de vida holístico es: ¡revolución ya, aquí y ahora!).

 

4. Otra característica de la acción holística es la que viene guiada por el Amor, palabra ya muy prostituida, manoseada y pervertida, de tal manera que no sabemos si todavía puede decir algo hoy. En efecto, entendemos el Amor como ese “ser-el-otr@” o “ser-en-el-otr@”, o bien “yo-soy-el/la-otr@” o “yo-soy-en-el/la-otr@-que no-es-sino-yo-mism@”. El/la más solidari@ de tod@s es aquel que siente lo que sufre el/la otr@ como propi@. En identidad. Ya lo decía el Che: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”[v].

 

        El Amor es la apertura total, la descentración del ego, la “obra del Espíritu Santo”, la motivación fundamental para cualquier acción humana que se entienda realmente como “humana”. El Amor es una fusión muy especial, que entendido holísticamente supone el sentirse pleno con el Todo y por eso mismo muy “despiert@”, activ@, dinámic@ en todo lo que sea conservar y promover la Vida. Con otras palabras, el Amor es la expresión más profunda de la Vida en su dinámica total. El Amor no es sino la Vida.

 

        Un viejo cuento de Attar de Neishapur nos dice:

 

            “El amante llamó a la puerta de su amada.

            ‘¿Quién es?’, preguntó la amada desde dentro.

            ‘Soy yo’, dijo el amante.

            ‘Entonces márchate.

            En esta casa no cabemos tú y yo’.

            El rechazado amante se fue al desierto,

            donde estuvo meditando durante meses,

            considerando las palabras de la amada.

            Por fin regresó

y volvió a llamar a la puerta.

‘¿Quién es?’.

‘Soy tú’.

Y la puerta se abrió inmediatamente”[vi].

 

        Sentir ‘el otro’, ‘la otra’ o ‘lo otro’ como un ‘yo’ es tanto como experimentar el Holismo a fondo. Pero no se trata de algo que pasa sólo por la cabeza, como un concepto general de filantropía idealista. Si es verdadero es algo vivido, algo practicado en lo cotidiano “desde dentro” de cada un@. Evidentemente, un Amor así es un amor que no comprenderá en absoluto las injusticias sociales, las inequidades de género, étnicas o generacionales o cualquiera otra donde se margine a algun@ o a cantidades ingentes de personas, por absuerdas. Tampoco puede comprender la destrucción de la Naturaleza, de cualquier modo que se ejerza. Y actuará en consecuencia con este Amor.

 

        No es un amor romántico. Es un Amor con el realismo de la vida cotidiana y con la conciencia de transmitir vida. La Ley del Espíritu es “dar y recibir”, dar y recibir energía, vida y transmitirla a l@s demás, a la restante naturaleza, no guardarla para sí (actitud egoísta, reflejo de una mente egocéntrica)[vii]. La Vida es dinámica. Que se expanda es la tarea del Amor. O mejor, el Amor es ya de por sí esta expansión.

 

5. Si esto es así, sería preferible, en coherente actitud holística, dejar de hablar de ‘ética’, para pasar a hablar de ‘estilo de vida’. No es simplemente un cambio de palabras, una mera discusión semántica. Significa algo más que eso. La ‘ética’ ha sido normalmente entendida como el ‘reino del deber ser’ frente al ‘reino del ser’. El ‘reino del ser’ no es muy brillante. Somos mentirosos, violentos, ladrones, lujuriosos, codiciosos… Ahí viene la ‘ética’: Hay que, tenemos que, debemos… ser de otra manera (‘el ideal’). Ahí ya quedamos entrampados en el dualismo del no-ser pero querer-ser, de tal manera que nunca llegamos realmente a ser.

 

        El ‘estilo de vida’ consiste más bien en la toma de conciencia de nuestro presente, de nuestro cotidiano. Se trata de observar cómo pensamos, hablamos, actuamos, vivimos. Sin autoengaños. Cuando nos demos cuenta profundamente que las actitudes que denominamos ‘negativas’ nos hacen realmente daño, entonces “cambiamos”. Sería como poner la mano en el fuego: enseguida uno la retira. El problema es que estamos muy content@s como somos y quisiéramos no tener los “efectos secundarios” de nuestras acciones. Nos movemos por el principio del placer: mayor placer posible-menor displacer posible. Solamente cuando nos damos cuenta de que los efectos negativos de nuestras acciones son expresión directa de nuestro estilo de vida, ahí podemos cambiar. Por eso, la primera cosa, si queremos cambiar, es empezar realmente por darnos cuenta de: ¡por qué no queremos cambiar!

 

        (Ciertamente, se podría contra-argumentar que todo lo anterior es mucho más complejo y no podemos simplificarlo. Es cierto. Pero, de momento, para iniciar esto, dejémoslo así y reflexionémoslo).

 

        Una mente holística, vacía de ego, mira las cosas en su totalidad, capta que es el ego el que rige cotidianamente nuestra conducta diaria de no liberad@s y es el que nos impide cambiar. Pero no se trata de empezar a criticar el egocentrismo, sino de “ver” claramente a qué callejones sin salida él nos conduce. El/la ignorante nunca se hace problema de esto. El/la sabi@ empieza por observar sus propias contradicciones y darse cuenta en qué problemas se está metiendo, y por qué se producen. A partir de aquí, es posible que haya cambios en nuestro ‘estilo de vida’.

 

6. Pero si quisiéramos buscar un entronque socio-político más concreto de los planteamientos de una Espiritualidad Holística, propondría que sean los propios del Neo-Anarquismo. No ocurre esto necesariamente así, es decir, la EH no tiene por qué necesariamente concluir en una propuesta sociopolítica del tipo del neo-anarquismo. Pero, en nuestra opinión, es la que más se aproxima y la que más coherente encontramos con la EH. Pero, brevemente, ¿qué entendemos por Anarquismo? ¿Y por Neo-anarquismo?       

 

        En primer lugar, es preciso decir que no nos referimos aquí solamente al Anarquismo histórico, aunque arrancamos de él. Algun@s anarquistas fueron ate@s (otr@s creyentes de una “religión universal” y algun@s incluso de religiones históricas, aunque siempre crític@s de sus institucionalidades) y se pelearon con las religiones, con las creencias en los dioses (“alienación”)[viii], en especial con el cristianismo, pero tod@s ell@s tuvieron “su” Espiritualidad. Aquí queremos más bien partir de una concepción más actual, que podríamos entender y denominar Neo-Anarquismo, que creemos que conecta con y puede incorporar esa Espiritualidad, a veces “difusa”, del Anarquismo.

 

        En segundo lugar, si esto es así, intentemos caracterizar el Neo-Anarquismo (NA, en adelante). Nos parece que existe en el pensamiento-praxis neoanarquista unas cuatro intuiciones básicas, que describimos a continuación.

 

6.1. La Autogestión es una de las más centrales, posiblemente la que más. Significa ante todo una filosofía y una metodología que parten de dentro-afuera, de abajo-arriba, de micro-macro. Significa que cualquier organismo social, en la dimensión en que esté vivo, tiene condiciones para resolver sus propios problemas con la metodología de abajo-hacia-arriba. Es decir, que, en principio, cualquier persona o grupo esté capacitado para, por su propio dinamismo interno, encontrar soluciones para los obstáculos que se presenten. Y no sólo obstáculos, sino para crear desde sí mismos otras posibilidades de llevar adelante cualquier proyecto. Significa buscar los recursos en un@ mism@ o en la propia comunidad. Como escribimos en otra ocasión:

 

“’Autogestión’ significa por lo tanto auto-organizarnos, sin poderes extremos o separados que nos dicten lo que hay que hacer. Es un principio que abarca todos los ámbitos de la vida y que es muy exigente. Su eficacia depende de lo que estemos dispuestos a sacrificarnos por este ideal”[ix].

 

        La pregunta clave sería aquí si toda persona o todo grupo, como tal/es, están capacitado@s ya de por sí para hacerlo. Aunque parezca idealista o carente de sano realismo, una postura neoanarquista tenderá a pensar que sí. Eso no impide que pueda tener “ayudas” foráneas, pero no cree en el dirigismo de aquellos/as que pretenden ayudar basándose en el principio de que l@s afectad@s por un determinado problema  (u opresión) no se pueden liberar por su propia cuenta todavía y necesitan, por consiguiente, de nuestra “ayuda”.

 

        Lo problemático de esta manera de pensar es que es un tanto “colonialista”, o “paternalista/maternalista”, ya que no cree en las más profundas capacidades del/de la oprimid@/marginad@/excluid@ para resolver (o comenzar a resolver) sus propios problemas. De esta manera consideramos a l@s oprimid@s como “incapaces”de luchar por su propia liberación.

 

        Por el contrario, el NA valora a cada un@,  pues cree que siempre tiene capacidades para resolver dichos problemas. La pedagogía NA consistirá en desarrollar esto o contribuir a que se produzca, en caso de que el/la oprimid@ sea tan oprimid@ que su falta de autoestima le impida luchar por su dignidad y por sus derechos. Parece realmente que uno de los aspectos más básicos de toda lucha social y personal es cómo empezar a trabajar la autoestima.

 

        La autogestión debe ser total o, por lo menos, tender a eso. Eso significa que debe darse en el ámbito económico, social, político, cultural, humano en general. No basta que solamente se dé de un modo fragmentario. En este caso, es sólo una semilla anarquista. Necesita articularse y expandirse en todos los niveles, no sólo personales sino también colectivos. En otras palabras, no se puede ser, por ejemplo, un revolucionario social y luego ser un “machista” en casa. No encaja. Es pura contradicción, algo anti-espiritual, porque en la Espiritualidad es clave la coherencia entre discurso y vida (no dualismo).

 

        En todo caso, la autogestión significa confiar en la persona, creer que en lo más profundo de cada un@ hay siempre un fondo de bondad, creatividad, inteligencia y otorgar igualmente un papel importante a la autoestima, que es el motor de autodesarrollo. Evidentemente, no es una autoestima en contra de l@s demás, sino con l@s demás.

 

6.2. La Acción directa. ¿Hay alguna duda de que el Anarquismo como tal siempre ha rechazado el Estado? Pues ésta es una de sus principales actitudes también. Igualmente ha criticado las instituciones que desarrollan esquemas verticalistas y autoritarios de decisión (o sea, casi todas las instituciones…). En esto, el Anarquismo ha sido siempre muy radical.

 

        La acción directa implica no delegar las cosas, sino experimentarlas por un@ mism@, personal o grupalmente. Inicialmente, era una postura anti-parlamentaria, por desconfiar profundamente de que en los Parlamentos pudieran solucionar nuestros propios problemas. Los diputados representan sus propios intereses partidarios o hay corrupción. En el mejor de los casos, desconocen nuestros problemas y cómo experimentamos la pobreza, la marginación, la exclusión, la opresión, porque no la viven. Por tanto, actuemos desde abajo, desde nosotr@s mism@s, con los medios que nos sean más propios y directos, sin delegar o relegar (delegar=relegar) nuestros intereses (colectivos). Actuemos ya, con cierta “espontaneidad organizada”, valga la aparente contradicción. Es decir, organicémonos colectivamente, pero actuemos con cierta inmediatez y espontaneidad. Esto permite mayor fluidez y adaptabilidad, frente a posturas fijas y esquemáticas. En caso contrario, el tiempo juega en contra nuestra. ¡Así se piensa “en anarquista”!

 

        A veces se ha criticado al Anarquismo por ser espontaneista y se pueden haber producido a lo largo de la historia, sin duda, acciones irreflectidas, con consecuencias negativas posteriormente. Este es el riesgo de un “espontaneismo absoluto”. Pero el extremo contrario, no deja de ser también pernicioso. ¡Nunca se resuelve nada!

 

6.3. La insistencia en la Asamblea, también ha sido una constante en la praxis anarquista, si bien para las tendencias individualistas del Anarquismo esto ha parecido otro dominio sobre el individuo. En la asamblea espera hallar el/la anarquista un espacio libre para encontrarse, opinar, tomar decisiones sobre los temas que le atañen y planificar su ejecución. Tod@s están llamad@s a participar, sin exclusiones, porque los problemas son de tod@s y tod@s deben, en consecuencia, resolverlos.

 

        La manera de hacer anarquista busca en esto la unanimidad o el consenso. Sin duda, eso retrasa las discusiones y las hace más amplias, pero con el consenso se tiene la garantía de que no hay exclusiones de nadie y que lo decidido es nuestr@. No es contradictorio con esto la existencia de comisiones, que ejecutan algunos aspectos específicos, siempre y cuando dependan de la Asamblea General y a ella le den cuentas.

 

        Si los ámbitos asamblearios son más amplios y se debe compartir en otros lugares con otras asambleas, es posible pensar en una delegación de las decisiones tomadas en alguien que las traslada a ese otro ámbito, pero sin mandato de decidir por su cuenta. Es un/a mer@ transmisor/a de las decisiones tomadas consensualmente en otro espacio más restringido y en cualquier nueva decisión en este otro ámbito tiene que consultarlo con su anterior grupo, ya que cada uno de ellos es autónomo y autosuficiente. Evidentemente, la tecnología comunicacional de nuestros días facilitaría esto que en otras épocas podía ser más complicado. Además, cualquier cargo, en perspectiva “ácrata”, siempre es fiscalizable, rotable y renovable. No hay cargos fijos, ya que éstos que pueden llevar a acumulación de poder.

 

6.4. Otro aspecto importante es el Espíritu Libertario e Igualitario. Es la gran propuesta del Anarquismo: la libertad. Pero no como la entiende la derecha, los conservadores, que sospechan siempre de la libertad y, en todo caso, piensan en una libertad con desigualdad. No confían en el ser humano, piensan que éste es naturalmente malo. Es más, se piensa que la desigualdad es necesaria para el desarrollo de la libertad y el progreso, en los sectores derechistas más “liberales”. Es el caso del actual neoliberalismo, que en esto es “ultra-liberal”. Pero el/la anarquista no quiere una libertad sin igualdad. Si la libertad no está penetrada de igualdad, termina corrompiéndose.

 

        En el Anarquismo se piensa que la libertad es presupuesto imprescindible para una relación humana. Sin libertad no hay posibilidad de crecimiento, de profundización, de “humanidad”. Por eso, el Anarquismo siempre ha sido muy crítico del “socialismo de Estado” (que en mucho casos terminó siendo un “capitalismo de Estado”), en cuanto que ha sido autoritario, verticalista, “dirigista” y prostituyó la participación al reducirla a mera ejecución de órdenes tomadas arriba, no discutidas por la base, y que tienen que ser ejecutadas porque supuestamente son en su propio beneficio (?).

 

        “Todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros…”, es la trágica e irónica afirmación de La rebelión en la granja, de G. Orwell (1945), que el Anarquismo siempre denunció en los sistemas autoritarios, sean del signo que sean. Por eso, el Anarquismo siempre ha sido mal visto por los sectores conservadores/liberales, al que acusan de ser generador de caos y desorden (evidentemente, para ellos lo es…) y por los sectores de izquierda autoritaria, acusándoles de “radicalismo pequeño-burgués” y “aventurismo radicalista”. Y, por supuesto, perseguidos por unos y otros. Es el precio de ser tan alternativ@s.

 

        Piensa el Anarquismo que nuestro fondo antropológico es intrínsecamente positivo, libertario e igualitario, pero que la “educación” recibida (autoritaria) ha prostituido nuestro fondo para adecuarlo a los intereses (más o menos encubiertos) de una minoría. En esto se parecería al planteamiento pedagógico de J.-J. Rousseau. Por eso, el Anarquismo ha prestado históricamente mucha atención al aspecto pedagógico (cfr. en esto a W. Godwin). Digamos que siempre aspiró a hacer una revolución pedagógica. O una pedagogía revolucionaria, que fuera realmente “educativa” e integral, y no meramente “bancaria”, “domadora de fieras” o “condicionadora de la conducta humana”, en orden al desarrollo meramente de habilidades y no de la capacidad crítica de pensar, de decidir, de discutir democráticamente y de… autogestionarse.

 

        En esto, revoluciona el concepto mismo de “democracia” (formal), que se entiende normalmente como espacio de “representatividad” y de cierta participación, para entenderla como algo fundamental, no meramente funcional. Lo fundamental es que la democracia sea efectivamente eso, “dominio del pueblo”, donde todo se decide “abajo”, se discute y se buscan soluciones para los problemas de tod@s.

 

        Esto exige, por consiguiente, una fuerte Espiritualidad, ya que supone superar la “mente egocéntrica”, para buscar los intereses colectivos y el Bien Común. Pero antes de terminar, digamos que el Neo-Anarquismo retoma estos planteamientos históricos del Anarquismo e introduce elementos nuevos, como la conciencia ecológica radical, el feminismo y perspectiva de género, el pacifismo, el indigenismo, etc., junto con otras muchas reivindicaciones más sectoriales, pero no por eso menos importantes, como son las reivindicaciones culturales, de “nacionalidades reprimidas y oprimidas”, el derecho a la libertad de tendencia sexual, el derecho de l@s discapacitad@s, el respeto a todas las diferencias… todo ello interpretado en línea anarquista.

 

        ¿Y el tema de la violencia? No hay acuerdo histórico en esto dentro del Anarquismo, pues en esto ha habido posturas y prácticas muy diversas. Desde la “propaganda por la acción” entendida como “terrorismo” y asesinato de tiranos, hasta la no-violencia activa radical del tipo: “¡hasta que me maten!”. Sin embargo, dentro de un Neo-Anarquismo contemporáneo se podría aceptar que eso, en todo caso, es libre decisión de los propi@s oprimid@s, prefiriendo tal vez una no-violencia activa, ya que la violencia siempre es autoritaria, anti-dialogante y una forma de poder impositivo. Y, ¿hay alguna duda de que el anarquista detesta el Poder (que es esencialmente violencia) y busca como “disolverlo”, de tal manera que, distribuido entre tod@s, a nadie destruya?

 

7. Concluyamos: Holismo y Neo-Anarquismo van de la mano. El Holismo es el marco teórico-espiritual. El Neo-Anarquismo es la estrategia de acción y vida. De aquí brotarán muchas prácticas que no tengo ahora espacio para elencar. Pero tenemos las coordenadas básicas de referencia. Esto es lo que denomino Socioholística. Se vive en lo cotidiano. ¿Hay algo más que el ‘presente continuo’? ¡Comencemos, pues, hoy! ¡Mañana es ya demasiado tarde!

 

rui manuel grácio das neves

managua

15.08.03.

 

[PUBLICADO EN: XILOTL. STB/UPOLI/CAV/CIEETS. Managua. 32: 3-19 (Diciembre 2003)].

 

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