ESPIRITUALIDAD DEL MOVIMIENTO DE JESÚS

 

UNA PROPUESTA

 

 

 

“Abramos los ojos:

veamos las cosas como son realmente,

y así nos evitaremos el dolor

de los falsos apegos

y una devastación gratuita”

EPICTETO[i]

 

 

 

1. El artículo que aquí presentamos es fruto de una reflexión espiritual radical, llevada a cabo después de escribir nuestra tesis sociológica sobre el Movimiento de Jesús (MJ, en adelante)[ii]. Por lo tanto, presupone muchos datos de apoyo que aquí no vamos a referenciar, pero que remitimos a dicho texto. Lo que formalmente hacemos, pues, es releer, desde el punto de vista de la Espiritualidad, el estudio sociológico que hicimos sobre el MJ.

 

        Evidentemente, ese estudio es una re-lectura, una re-interpretación (creemos que es imposible hacer ciencia sin interpretar, especialmente en ciencias humanas y sociales, y no sólo…). Nunca pretendimos hacer pasar por dogmáticas una serie de conclusiones sobre el MJ, sino de la manera más crítica, aportar una interpretación creíble a l@s estudios@s del tema, para su debate, profundización y mejoramiento posterior en esta área tan prometedora de investigación socio-filo-teológica.

 

        Pues bien, teniendo en cuenta todo lo anterior, a continuación llevamos a cabo una reflexión sobre la Espiritualidad del MJ. Es una reflexión socio-filo-teológica[iii], pues incorpora los datos sociológicos, pero es ante todo una reflexión teológica y que integra además una base filosófica.

 

2. Es necesario hacer una pregunta introductoria: ¿Qué se entiende por Espiritualidad? Hay diversas acepciones de ella dentro de la Teología (o de las Religiones, o fuera de ellas, según sea la propia perspectiva). Sería muy largo investigarlas ampliamente y no es ése nuestro interés ahora.

 

        Vamos a entender aquí por ‘Espiritualidad’ no algo opuesto a ‘materialidad’, ‘corporalidad’, ‘mundanidad’, etc. (acepciones dualistas, y por lo tanto, en su oposición, sumamente peligrosas), sino algo equivalente a lo más profundo de la opción de vida que se hace, el motivo último (o primero, según se mire) que orienta a una persona, a un grupo, a una colectividad, su razón de ser, de vivir, de luchar, de esperar y de intentar superar cualquier limitación que tengamos, aspirando a una felicidad lo más plena posible.

 

        Definida así la Espiritualidad, no tiene que ver necesariamente con un asunto religioso. O entonces debemos re-definir qué entendemos por ‘Religión’. Un/a ate@ puede ser alguien con una Espiritualidad intensa (por ejemplo, de solidaridad intrahistórica con l@s más oprimid@s). También nos lleva  esto a distinguir entre ‘lo religioso’ (como presencia de un fundamento absoluto, sea cual fuere: ‘Reino de Dios’, ‘Nirvana’, ‘Nada’, ‘Sociedad-sin-clases’, ‘Revolución Permanente’, ‘Anarquía’…) de las religiones históricas “realmente existentes”.

 

        Así, la crisis de institucionalidad que atraviesa actualmente diversas religiones históricas no impide que mucha gente pueda vivir intensamente una Espiritualidad al margen (y a veces hasta en contra) de dichas religiones históricas.

 

        El principio teológico al respecto es interesante: las religiones históricas son mediaciones del Absoluto, pero no son ese mismo Absoluto (aunque alguna/as pretenda/n ser casi lo mismo, al decir que son el único camino para llegar a ese Misterio Último…). Abordar así las cosas nos permite ser más crític@s y menos fundamentalistas, algo importante en estos momentos históricos. Como lo fue en el tiempo de Jesús.

 

3. Las anteriores precisiones pueden ser importantes para abordar con la mentalidad apropiada qué era lo que animaba (la mística, la espiritualidad) ese MJ. Hagamos algunas consideraciones previas.

 

        En primer lugar, es preciso ser conscientes del momento en que se dio el MJ. Es un momento histórico muy difícil y crítico en Israel, a nivel social (en sentido amplio). Es una crisis total. Los problemas generalizados de la deuda, de la pérdida progresiva de tierras por parte de l@s campesin@s, del empobrecimiento e incluso miseria de una buena parte de la población, a favor de una acumulación de riqueza por un grupo social muy pequeño de Israel, junto con la dominación política, militar y cultural de Roma, unido todo ello a la conciencia de que el Templo y su judaísmo no daban soluciones a la crisis en que se encontraban, impulsaron a un vasto proceso de experimentación social, siendo el MJ uno de los diversos Movimientos Sociales (MS, en adelante) de la época.

 

        El MJ era un MS radical, que partía de la cosmovisión del judaísmo, recuperando las tradiciones más lejanas e identitarias del pueblo judío, al constituirse como pueblo con un determinado proyecto histórico de igualdad y justicia social. El proyecto fue originalmente un proyecto horizontal, de campesin@ a campesin@, que construyeron, en medio de grandes dificultades y contradicciones internas, un modelo original y nuevo de sociedad igualitaria y no autoritaria. Era la Primitiva Confederación Tribal Israelita (PCTI), del 1250-1050 a.C., como saben perfectamente tod@s l@s que estudian estas cuestiones[iv].

 

        Esos ideales de paz total (‘shalom’), paz integral, con justicia, igualdad, tierras para tod@s, no dominio de una tribu sobre otra, ni dominio central y burocrático, participación “política”, etc., permanecieron en el pueblo de Israel como un “proto-ideal”originario, que alimentó la historia de este pueblo, a través de todas las vicisitudes históricas por las que fue pasando. Esto explica también sus grandes traiciones a este ideal. En todo caso, fue el fondo común, la “mística” que impulsó la historia de este pueblo (así como de otros pueblos).

 

4. El MJ compartía con otros MS de la época una lectura alternativa del judaísmo hegemónico en aquel entonces, el judaísmo del Templo. Esto era así, porque eran los esquemas culturales en los que los judíos se movían y existían. Un judaísmo, el de Galilea, aparecía más helenizado que el del Sur, de Jerusalén, si bien la cultura helenística, según resaltan los últimos estudios, atravesaba todo el judaísmo de la época, de mayor o menor manera. De ahí los estudios de hace algún tiempo sobre la similitud entre el MJ y los movimientos de “cinismo” popular.

 

        El MJ estaba sociológicamente constituido por l@s de abajo, por tod@s aquell@s que sufrían más que nadie, en carne propia, las contradicciones de un Sistema que los excluía y marginaba cotidianamente. En realidad, lo que hizo el MJ fue hilar un tejido social “descosido” por las diversas fracturas provocadas por los poderes dominantes en el Israel/Palestina de entonces y por la acumulación económica desigualitaria que se estaba dando[v].

 

        En otras palabras, fue lo que llamaríamos hoy un movimiento de unión de comunidades, de resistencia económica y cultural frente a un poder cruel que los amenazaba, diaria e individualmente, con su extinción. Fue claramente un MS, con la cosmovisión típica de aquella sociedad judía.

 

5. Todo esto enmarca perfectamente el tipo de Espiritualidad que practicó. Su Espiritualidad fue una Espiritualidad ‘salvaje’ (¡en el buen sentido de la palabra!). Es decir, fue una Espiritualidad practicada desde su propia praxis, desde su vivencia cotidiana, no buscando legitimación en el Templo y su judaísmo, en decir, en la institucionalidad imperante.

 

        Desde luego, conectando con la Tradición liberadora del pueblo judío. Ahora bien, esto fue un proceso progresivo de mayor radicalización. Las gentes fueron viviendo esta Espiritualidad a base de su contradicción con los poderes establecidos, y también en contradicción con sus propias limitaciones, ya que el Sistema está dentro de cada uno de nosotr@s, impregnando nuestra mentalidad y hábitos vitales.

 

        Personalmente, vemos unos diez elementos clave en la Espiritualidad (E, en adelante) del MJ (no es un número exhaustivo, pudiera haber otros elementos). Intentando dar un cierto orden, son los siguientes:

 

(1)  Protagonismo de l@s excluíd@s

 

            (2)  Igualdad/Justicia

 

            (3)  Libertad radical

 

            (4)  Comunidad

 

            (5)  Autogestión

 

            (6)  “Revolución de lo cotidiano”

 

            (7)  Inmediatismo/Acción Directa

 

            (8)  Carismatismo (Espíritu)

 

            (9)  “Metánoia”

 

            (10) Dios alternativo (Misterio/Padre).

 

        Es importante señalar que todos estos elementos están interconectados y se implican mutuamente. No podemos separar el uno del otro. En realidad son uno sólo, es decir, forman un todo (holismo). Cada elemento no es más que el énfasis que se pone en un elemento determinado del todo. Por eso, hablar de uno es implicar también a los demás elementos. Cada uno de ellos necesitaría, por sí sólo, al menos, un capítulo de libro para explicarlo más detalladamente. No tenemos aquí espacio para eso.Veámoslos, siquiera introductoriamente, a continuación.

 

6. Es fundamental percibir y entender que el MJ fue, ante todo, un movimiento de excluíd@s, de oprimid@s, de pobres, de “l@s de abajo” (o como quiera que l@s podamos denominar). Consecuentemente, es la E propia de ell@s. Mejor dicho, es un MS donde el protagonismo es de l@s excluíd@s. Está dentro de su mundo, de sus expectativas, de sus sufrimientos y de sus esperanzas. Precisamente lo importante es que logran un protagonismo. Este protagonismo tenía a la base un aumento y profundización de la autoestima personal/colectiva de los sectores marginados de la sociedad palestina de aquel entonces. Fue el gran éxito de Jesús como líder social. Lo expresó en su programa inaugural (Lc 4, 18-19)[vi]:

 

            “El Espíritu del Señor (está) sobre mí,

            porque me ha ungido

            para anunciar a los pobres la Buena Nueva,

            me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos

            y la vista a los ciegos,

para dar la libertad a los oprimidos

y proclamar un año de gracia del Señor”.

 

        Normalmente, los empobrecid@s y excluíd@s (y más en aquel contexto) son considerad@s “basura”, “l@s que estorban”, “aquell@s-que-es-mejor-que-se-mueran- porque-no-sirven-para-nada-en-la-evolución-humana-y-sólo-causan-desperdicios-a-la-       sociedad”. El MJ alcanzó un nivel superior al umbral mínimo de autoconciencia y de autoestima, por lo que resultó un fermento de acción y de identidad para l@s excluíd@s de aquella sociedad.

 

        Obviamente, no tod@s l@s excluid@s se integraron en aquel movimiento, pero fue lo suficientemente significativo como para tener un impacto popular. Eso representaba un peligro para las autoridades internas y colonialistas. Un movimiento de masas podía desbordar unas prácticas de opresión ya institucionalizadas. Por eso, los opresores andan siempre “ojo avizor” a lo que sucede socialmente, no vaya a suceder que su poder se tambalee…

 

        Posiblemente hubo algunos sectores –en pequeño número y al parecer más de tipo personal- de otras capas sociales que se identificaron con el MJ. Lo apoyaron y lo sostuvieron y formaron incluso parte de él. Pero la abrumadora composición social del MJ estaba en los que conformaban la parte de abajo de la pirámide social israelita. Una pirámide social con más o menos 90% de la población abajo, 9% a nivel “intermedio” y un 1% de la élite-élite[vii], simplificando, o incluso siendo menor el espacio “intermedio”.

 

        Toda la cosmovisión, “sentido común” (A. Gramsci), aspiraciones y expectativas, eran las propias de la base de la pirámide social judía, es decir, de la gran mayoría de la sociedad israelita. Pero lo importante es que ell@s empezaron a creer en sí mism@s, convencid@s de que “los de arriba” no les iban a solucionar sus problemas. Más bien eran los responsables de sus propios problemas: eran parte del problema y no de la solución. Para esa labor de concientización fue fundamental el aporte de su líder, Jesús de Nazaret.

 

        El líder del movimiento era de l@s de abajo: un campesino/artesano, sin estudios reconocidos, sin formar parte de un discipulado regular con un fariseo, sin poder económico, sin cargos políticos… Sólo tenía la fuerza de su personalidad, de su auto-convencimiento y de su capacidad de liderazgo junto a l@s más excluid@s por el Sistema, así como la conciencia total de la justeza de su causa.

 

        Esto significa que Jesús de Nazaret conocía perfectamente a la gente de su pueblo, sus sufrimientos y aspiraciones, la historia liberadora de su pueblo y de su Dios. Fue totalmente coherente con esta historia y esta utopía, llevándola adelante con su vida. La utopía no le sacaba de la historia de su propio pueblo, sino que siempre fue la manera cómo ese pueblo suyo enfrentaba la historia desde sus profundas convicciones religiosas.

 

        El MJ es la expresión de la misma gente que configura el movimiento, que es gente excluida del proceso que se da en Israel en aquel entonces. Y, por lo tanto, expresa toda la E de los ‘anawim’, de los ‘pobres de Yahweh’, una E de resistencia, de agradecimiento al Señor providente, de justicia y liberación de los opresores.

 

7. Otro aspecto central de la E del MJ era su carácter igualitario. Precisamente por estar configurado por gente campesina/popular, apoyado en los valores del antiguo Israel de la PCTI (1250-1050 a.C.), intentados mantener en otras épocas por los profetas, el énfasis fue en promover relaciones horizontales entre sus miembros. Evidentemente, estas cosas no se logran totalmente y no es fácil lograr cambios mentales en hábitos mantenidos desde hace tiempo por el Sistema, pero nuestra opinión es que lograron significativos espacios de igualdad.

 

        En realidad, igualdad es sinónimo de justicia. Se pide justicia porque hay esquemas de desigualdad (o inequidad) que se están dando. Los poderes establecidos buscan siempre una legitimación simbólica para las situaciones de desigualdad o asimetría que están ocurriendo. Es necesario justificar porqué unos pocos tienen privilegios y otr@s, la mayoría, no. Esto no es algo evidente y por tanto, hay que “explicarlo” como algo “natural”. Lo procuran justificar por razones teológicas o intelectuales, pero siempre de base ideológica (ocultadora, falseadora, inversora de la realidad), porque va contra la razón de ser de las cosas.

 

        El MJ, basado en una estrategia de autoestima de l@s excluid@s por el Sistema, consiguió ir equilibrando las relaciones entre l@s mism@s de abajo. Fortaleció redes de apoyo y solidificó resistencias (económicas y sociales). El caso más espectacular de este programa igualitarista fue en el caso de género, en las relaciones entre hombres y mujeres que se dan en el día a día. Estamos en un contexto donde era famosa la oración  del rabino ben Jehuda (ya del siglo II d.C., pero traduciendo todavía esa mentalidad androcéntrica), para ser recitada por los israelitas varones tres veces al día:

 

            “¡Alabado seas por no haberme hecho gentil!

            ¡Alabado seas por no haberme hecho mujer!

            ¡Alabado seas por no haberme hecho ignorante!”[viii]

 

        En efecto, las mujeres alcanzaron grados de participación y responsabilidad en el MJ no vistos antes en ninguna instancia institucional y tampoco en los restantes MS, al menos por los datos de que disponemos (aunque siempre es posible que estuvieran presentes en otros movimientos de base). Pero fue en el MJ donde alcanzaron mayor protagonismo.

 

        No se puede pensar en el MJ sin el apoyo de base de las mismas mujeres. En un principio, el mismo trato del líder con ellas fue escandaloso para sus propios seguidores. Los textos bíblicos a este respecto quieren resaltar el apoyo que el líder les dio, como intentando justificar esta práctica para épocas posteriores. Lc 8, 1-3 hace especial énfasis en mostrar que había mujeres que seguían a Jesús en su peregrinaje y se podrían multiplicar los textos sobre esta “conversión de género”dentro del MJ.

 

        Un caso emblemático de esto es María Magdalena, una gran líder dentro del MJ, una “discípula”, que siguió teniendo una gran influencia dentro del movimiento (“apóstola de los apóstoles”), pese a los esquemas patriarcales de la mentalidad de aquel entonces, incluso entre personajes centrales del MJ. Basta una lectura atenta sobre las mujeres en los textos de los Evangelios para darnos cuenta de su protagonismo e importancia estratégica. A veces, esto aparece más claro en los textos llamados ‘apócrifos’ (es decir, no incluidos en las listas oficiales de textos canónicos de las iglesias), especialmente en el Evangelio de María (o en el Evangelio de Mani).

 

        Esto significa que Jesús (y su movimiento) asumieron ‘lo femenino’ como parte fundamental de su revolución antropológica., aunque sea difícil superar del todo las jerarquías, por otra parte no tan fuertes en el mismo movimiento. Las jerarquías (propias de la epistemología androcéntrica) son más fuertes en los espacios institucionales, pues de eso se alimentan. En todo caso, no necesariamente el liderazgo natural de hombres y mujeres hay que verlo como espacios jerarquizadores en el proto-movimiento. Más adelante, a partir del siglo IV, las cosas ya cambiarán significativamente, pero ahora estamos hablando de estos momentos iniciales.

 

        En nuestra opinión, pero sería algo que necesitaría más espacio fundamentarlo, afirmamos que en el espacio simbólico del proyecto del MJ está la idea de la androginia, un ideal que ya provenía del Génesis y que encontró en el MJ la posibilidad de comenzar a implementarse. La androginia significaba el encuentro y complementación unitaria de lo masculino y lo femenino (por lo demás, algo muy cultural, más allá de los rasgos biológicos diferenciadores de los mismos sexos).

 

        Nuestra opinión es que el MJ rescató lo entendido normalmente como ‘femenino’ (construcción cultural), sin que fuera estigmatizado. Asumió el Amor como el eje del movimiento, como la manera de relacionarse con el mundo, con los demás, con la naturaleza, con Dios. Dios, Padre-Madre, era el Dios del Amor y el perdón (de las deudas), no el Dios del castigo, la jerarquía y la venganza. Con Jesús, definitivamente Dios se hizo un Dios de Paz (‘Shalom’) y no un dios de guerra.

 

8. La libertad era otro valor espiritual central en el MJ. Su manera de actuar era en libertad. La gente no necesitaba ser hipócrita en el movimiento, diferentemente de lo que ocurría en el Templo o en las sinagogas (o en gran parte de ellas), donde se buscaba una apariencia de ser buenos, cuando más bien en la vida real se actuaba de otra manera[ix]. El movimiento fue un gran espacio experimentador de libertad, frente a cualquier poder establecido, frente a la conciencia de l@s demás o frente a la propia conciencia.

 

        En el movimiento, l@s campesin@s/artesanos y gente despreciadas por el poder establecido (minorías étnicas o grupos sociales), calificadas como ‘pecador@s’, encontraron una acogida o, mejor, la crearon entre tod@s. La libertad no excluye los conflictos, sino que es una condición de posibilidad para que ellos sean controlados y superados racionalmente, con un mínimo de violencia.

 

        En realidad, en ningún lugar podían l@s de abajo ser libres en medio de la sociedad israelita. Sometid@s al fetichismo social, que los impedía ser sujetos creadores/as de su propia historia (categoría sociológica de ‘alienación’), siendo meros objetos productores de riqueza para los poderes establecidos, ell@s encontraron en el movimiento su propia fuerza y la posibilidad de expresar su propio mundo, cosmovisión y la capacidad para ir realizando sus espacios de liberación social y auto-liberación.

 

        En un mundo de esclav@s, decir MJ era decir espacio de libertad.

 

        Libertad era poder decir lo que se pensaba, actuar inter-solidariamente, superar los prejuicios mentales y espirituales, auto-organizarse para resistir económicamente, someter a crítica los esquemas impuestos. Ser dueñ@s, en lo posible, de la propia vida. La misma relación con Dios estaba basada en esta libertad. Sin ella, se prostituye cualquier práctica religiosa, como veremos más adelante.

 

9. A lo que apuntaba el movimiento era a construir una gran Comunidad (‘κοινονία’). Era, por eso, un gran movimiento comunitario. La gran masa de l@s excluid@s no constituía, ciertamente, de por sí, una comunidad. Es verdad que había otros movimientos que dieron identidad comunitaria a quienes los configuraron. En el MJ fue muy importante esto.

 

        El perdón de las deudas entre los excluid@s (“poner la otra mejilla”: Mt 5, 39 y Lc 6,29;”perdónanos nuestras deudas”: Mt 6, 12), el prometer tierras para el proyecto de Nuevo Israel (símbolo: “los Doce”) que el movimiento buscaba, el sentir su propio poderío (empoderamiento social) y el reconstruir las redes entre las comunidades, tarea del MJ, permitió empezar a crear una verdadera comunidad real, y no meramente nominal, jurídica o formal como era la de ser ‘pueblo de Israel’, pueblo elegido por el Señor (‘Yahweh/Adonai’).

 

        No es que la Comunidad no existiera en absoluto y ahora empezara a existir. No era tanto la cosa así. Más bien ese espíritu comunitario nunca se perdió del todo, pero estaba muy resquebrajado, en ese momento, bajo la enorme carga de impuestos que tenía ahogada a la población (entre 70 y 90% de sus propios ingresos), dada su falta de protagonismo para gestionar cualquier cosa más elemental (=no poder) y la pérdida y horadarse de sus ideales igualitarios más profundos, a nivel de pueblo.

 

        En definitiva, la propuesta del ‘Reino de Dios’ aquí y ahora era una propuesta de una gran comunidad unida por lazos de solidaridad y de no explotación, de fraternidad y sororidad, de compartir los mismos ideales de un Dios Padre-Madre, en el que tod@s somos herman@s (al menos, en principio, en Israel). Esta era la gran esperanza del pueblo y el movimiento supo darle esa confianza de caminar hacia una gran comunidad de gente hermana.

 

        Crear Comunidad es crear redes, lazos de solidaridad e intersolidaridad, crear familia, no sólo entre la familia humana, sino también con la naturaleza (estaba en su lógica, aunque no tenemos todavía estudios más específicos en este nivel ecológico). Es establecer interconexiones, interrelacionabilidades, extender la perijóresis trinitaria (como modelo) a la experiencia histórica de l@s más excluid@s.

 

        Por lo tanto, la gran vivencia de la Comunidad es la vivencia de la inclusión, donde todos tienen un puesto. Como dice una canción popular salvadoreña de las comunidades eclesiales de base: “Vamos todos al banquete, a la mesa de la creación; cada cual, con su taburete, tiene un puesto y una misión”. En nuestra opinión, éste debió haber sido el espíritu que animó al MJ.

 

10. Varios de los elementos anteriores se concretan en una práctica central en el MJ: lo que hoy podemos llamar con propiedad autogestión. La autogestión es el empoderamiento total de una comunidad, capaz de llevar adelante sus asuntos sin poderes sobre ella (aunque pudiera tener líderes carismáticos, como es el caso del MJ). La autogestión es la capacidad de darse a sí mismo la posibilidad de solucionar sus problemas, sin necesidad de poderes exteriores a la misma comunidad. La autogestión es la manera más sencilla de expresar que un cuerpo social colectivo está vivo. Si hay autogestión hay vida. Si no la hay, sólo hay dependencia, esclavización y alienación social/personal. Muerte, por lo tanto.

 

        El MJ fue capaz de ser autogestionario y de alimentar todo un proyecto, sin tener que recurrir a autoridades exteriores que lo pudieran orientar. En realidad, las autoridades no orientaban nada, sino que se limitaban a mandar, a hacer obedecer a sus ciudadan@s, en función de sus intereses egoístas, sin que ést@s pudieran ser plenamente “sociales” como tales

 

        El famoso pasaje de la multiplicación de los panes y los peces (Mc 6, 30-44; Mt 14, 13-21; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-13), presente, por su importancia, en todos los evangelistas (y posiblemente hasta duplicado en Mc y Mt), mostraba que la gente organizada puede compartir sus alimentos, bajo la acción de un verdadero líder popular, que tiene autoridad moral para ell@s. Es un ejemplo típico de lo que es el empoderamiento o autogestión. Por eso, lo quisieron hacer “rey” (popular), según el relato de Juan (6,15). Ése era el líder que ell@s buscaban. Pero él no quería ser líder de una manera autoritaria.

 

        En todo caso, aquella gente pudo hacer experiencias de solidaridad, de compartir/repartir, de sentirse junt@s soñando un mismo sueño, no tan lejano. El sueño ya no era sueño, sino que estaba entre sus manos. ¡Tenían ahora la suficiente fuerza y creían en sus propias manos para realizarlo!

 

        Obviamente, la autogestión debe ser global: no sirve que sólo pueda realizarse a nivel económico. Significa que debe darse también a nivel del poder (compartido/repartido) y de lo simbólico, ese “cemento cultural” que une los sueños de vari@s en uno sólo, creído y visto ahora como posible. En definitiva, la autogestión o es global o no es (simplemente un “asomo” de lo que puede ser).

 

        En nuestra opinión, la autogestión comenzó a ser real, aunque con muchas limitaciones, y eso fue un tremendo reto para el poder establecido. Lo cuestionaba de raíz. ¿Para qué se necesitaba ese poder, si no hacía nada por ell@s y más bien los esclavizaba? El movimiento unido podía sacar las conclusiones lógicas: ¡el Poder establecido sobraba! Eso era, sin duda, muy peligroso para “los de arriba”.

 

11. La revolución del MJ no fue una revolución que tuviera como objetivo la toma del poder. Fue más bien una ‘revolución desde abajo’, una revolución cultural-social, una revolución espiritual-política (así, en unidad, sin dualismos). La hemos denominado una “revolución de lo cotidiano”.

 

        En efecto, la estrategia del movimiento no consistía en una relación de medios-fines, buscando unos resultados en el futuro, a partir de una preparación en el ahora. Pensamos más bien en un trasfondo apocalíptico (qué tan fuerte era, da pie a varias posibilidades, lo cual no descarta una lectura también “sapiencial” del movimiento, como hemos venido mostrando). El líder y su movimiento piensan que el “tiempo nuevo” ya ha llegado y que, por lo tanto, hay que vivir de manera adecuada. A esta espiritualidad de la “revolución ya, aquí y ahora”, es la “revolución de o desde lo cotidiano”.

 

        La clave del movimiento es que se trata de empezar ya, no dejarlo para mañana, porque mañana ya puede ser demasiado tarde. La revolución, el cambio total, es para hoy y es en el hoy, en lo cotidiano de nuestras vidas, donde transparenta la nueva manera de mirar y sentir la realidad de las cosas. Además, había un nuevo ánimo para llevar adelante la vida.

 

        Es el encuentro con la Realidad, con la verdad de las cosas, que da una manera abierta, franca, positiva, marcadamente optimista de enfrentar el día a día, diferente de la pesimista o resignada de todos los días, característica de la vida pre-movimiento. Si la palabra se entiende bien, digamos ahora que hay un vida con esperanza, no de un más allá, sino de un más acá lleno de significado y belleza, que carecía antes, en general, en la mirada-sentimiento de l@s israelitas “de abajo”, demasiado resignada.

 

        Esa revolución de lo cotidiano implicaba nuevas relaciones entre l@s mism@s pobres, a nivel personal o en comunidades, nueva relación con la naturaleza, niveles más igualitarios de género, mayor protagonismo social de campesin@s/artesanos, mayor conciencia de crítica social en base a esquemas de mayor y más profunda justicia, apoyo económico más solidario entre l@s mism@s empobrecid@s, mayor capacidad de lucha y de auto-organización como práctica básica del movimiento, etc.

 

        Posiblemente, en lo personal, esto también llevaría a grandes cambios, que podríamos significar en el ámbito de la sanidad física y psicológica, mayor fortaleza para enfrentar la vida y sus contradicciones, la alegría que daba encontrar un plan de vida solidario que resolvía muchos problemas y fortalecía las redes subalternas, mayor espíritu de colaboración, serenidad y capacidad de lucha.

 

        En otras palabras, la ‘revolución cotidiana’implicaba otro estilo de vida, alternativo, si bien ahondando sus raíces en la identidad antropológica del pueblo judío, a lo largo de su proceso histórico. En otras palabras, daba ‘identidad’a l@s de abajo. Es decir, l@s empoderaba, ya que la identidad compartida es una gran dinámica de poder total.

 

12. En nuestra opinión, otro de los aspectos más importantes de la E del MJ fue el de ser una E inmediata, es decir, una E no mediatizada por los poderes verticales del sistema judío “hegemónico” (más que “oficial”). Era vertical en su relación directa con un Dios que libera, pero muy libre de las instituciones establecidas. No del todo al principio (“No he venido a abolir la Ley”: Mt 5, 17), pero muy consciente y radical en la marcha de los acontecimientos, al menos en su líder (“odres nuevos para vinos nuevos”: Mc 2, 22 y los paralelos: Mt 9, 17 y Lc 5, 37-39  y el vino “escatológico” en Mt 26,29 o en Jn 2, 10, en las bodas de Caná, así como el simbólico“rasgarse del velo del Templo”al final: cfr. Mt 27,51). Las contradicciones del momento posterior, especialmente al final, no son sino consecuencia de eso. Además, las rupturas nunca son fáciles y posiblemente siempre arrastran elementos de aquello con lo que queremos romper.

 

        En pocas palabras, estamos diciendo que la legitimación religiosa del MJ fue autofundante. Su líder, Jesús de Nazaret, no tenía legitimación de su acción en el poder establecido, en los grupos ideológicos, en la riqueza, ni en nada de este tipo (era la continua pregunta en torno a con qué autoridad hacía las cosas que hacía), sino únicamente en su carisma. En definitiva, en su propia palabra: era un inspirado por lo Divino y desde ahí recibía su legitimación. Tenía “hilo directo”con Dios.

 

        Sus acciones se autolegitimaban y esto era una seria afrenta para el Poder religioso dominante, Poder que no era sólo religioso o cultural, sino también político (política interna) y económico (el Tesoro del Templo, el Sumo Sacerdote, los saduceos como terratenientes, etc.).

 

        En una palabra, la acción de Jesús y su MS des-legitimaban el sistema religioso montado sobre el sacrificio (de animales y de espíritus humanos) y sus correspondientes ingresos económicos (impuestos, tributo del Templo), propios del modo de producción tributario de la época y contexto geográfico. Al eliminar a Jesús, las autoridades judías (de acuerdo con las extranjeras romanas) sabían muy bien lo que hacían… al menos para sus intereses inmediatos.

 

        Esto llevó a ciertas acciones directas de parte del líder (y del movimiento), que eran las llamadas acciones proféticas (por ejemplo, la expulsión de los vendedores y cambistas del Templo: relatada, por su importancia simbólica, en todos los evangelistas: Mt 21, 12-17; Mc 11, 15-19; Lc 19, 45-46; Jn 2, 13-22). En nuestra opinión había también un trasfondo anti-intelectual en el movimiento, porque los intelectuales de la sociedad judía (los escribas) eran legitimadores del orden establecido y de su opresión. El pensamiento se volvía sobre sí mismo, sobre su ego colectivo, incapaz de crear nada nuevo y de abrirse realmente a la Realidad.

 

        Como el ego es deformador de la realidad en que se vive, el MJ, dicho epistemológicamente, fue una gran herramienta de encuentro con la Realidad, con mayúscula, y esto siempre es liberador. No se podía, pues, esperar ninguna liberación del “mundo del pensamiento”. La liberación venía de abajo, de un encuentro libre con una Realidad vivenciada desde lo cotidiano, sin prejuicios (o con los menos posibles). Por eso:

 

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños” (Lc 10, 21; cfr. Mt 11, 25; compárese con Jn 7, 48-49).

 

        Evidentemente, esto fue todo un proceso, por el que mucha gente fue abriendo los ojos, los oídos y todos los sentidos a una nueva Realidad, que, en definitiva, no era sino la misma de siempre, pero mirada ahora de muy diferente manera. Esto conecta con el elemento siguiente.

 

13. El carismatismo fue otro elemento esencial del MJ. No fue una simple renovación institucional, sino un movimiento libre, abierto al Espíritu, que “sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn 3, 8). El Espíritu es libertad, y donde está el Espíritu ahí está la libertad (y viceversa), según 2 Co 3, 17. Este es el elemento pneumatológico del MJ.

 

        Ya hemos visto que no fue una búsqueda de institucionalización la de este MJ. Sencillamente quería mover y remover bien las estructuras anquilosadas y opresoras del judaísmo hegemónico de aquel entonces, buscando ante todo como satisfacer las demandas populares por más vida y libertad. Estaba inspirada en el Espíritu de la tradición liberadora de los orígenes de Israel como pueblo federado de tribus, o mejor, como un proyecto alternativo en aquel contexto histórico-social. Esto implicaba rupturas.

 

        Por tanto, era un movimiento animado por el Espíritu. Por cierto, no necesariamente era el único que cumplía estas características. Esto implicaba una dosis grandes de espontaneidad (y hasta espontaneísmo), de improvisación, de “experimentación”, de práctica de “prueba-error” y de corrección sobre la marcha, de innovación, de creatividad…, como ocurre con todo MS.

 

        Otra cosa fue cuando el movimiento se fue institucionalizando progresivamente en épocas posteriores (pensemos principalmente con Constantino, aunque antes esto ya se iba desarrollando). En este sentido, las mujeres fueron las que más perdieron a nivel de protagonismo y subordinización, de acuerdo con la patriarcalización de las sociedades donde el “cristianismo histórico”se fue implantando y desarrollando.

 

        El carismatismo no vive tanto en el futuro sino en el presente. Es en el aquí y ahora donde se juega su sentido y valor. Es en medio de los acontecimientos históricos y no en un más allá abstracto donde el Reino carismático se “transparenta”. Es este presente de transformación y libertad lo que entusiasmó a la gente pobre y excluida y no tanto un futuro más allá de la muerte, que quizá fuera una preocupación para las capas más intelectuales, pero no lo primario para el pueblo, que luchaba y lucha diariamente entre la vida y la muerte, siempre en precariedad.

 

        Vivir así implicaba mucha valentía e imaginación, que surgen cuando al Espíritu se deja actuar con libertad en los asuntos humanos. Las revoluciones son espacios-tiempos privilegiados, donde surgen creativamente nuevas posibilidades y donde la antropología humana se extiende, descubriendo cosas que parecerían imposibles en otras situaciones conformadas y más cómodas. El ser humano se expande al máximo en esos momentos, logrando cosas juzgadas antes como “imposibles”.

 

        Es claro que el líder, Jesús de Nazaret, era un auténtico líder carismático, no en el sentido de alguien evadido de su realidad política y social, en el mal sentido de ‘espiritualista’, sino de alguien que encontraba en lo concreto de la opresión cotidiana un motivo de esperanza y de ánimo para ir construyendo un presente lleno de posibilidades. Para esto hacía falta fe, mucha fe.

 

14. En este contexto, una palabra-realidad se hacía clave: los evangelistas utilizaron la palabra griega ‘metánoia’ (‘μετάνοια’), que significa algo así como cambio de mentalidad, de actitud espiritual y vital ante las cosas, cambiar radicalmente de perspectiva, cambio que llevaba también, por eso mismo, a un cambio de vida (‘way of life’). Así aparece Jesús por los caminos de Galilea, predicando la Buena Noticia de unos tiempos nuevos que se estaban dando (Mc 1, 15).

 

        No creemos que sea una buena traducción la de hablar de “arrepentimiento”. ‘Conversión’, en todo caso, no es en el sentido de ser pecadores ahora y pasar a ser santos después, es decir, en el sentido moral y dualista (en el esquema: ‘ahora no, pero después sí), sino en el sentido de ‘dar la vuelta’, de encontrar ya un estilo de vida alternativo al que hasta entonces se había llevado (sentido epistémico, que, por supuesto, tendría sus consecuencias “éticas”).

 

        Todo el MJ fue un movimiento colectivo de ‘metánoia’. Significaba algo así como ‘abrir los ojos’, dejar de vivir en la ilusión, y de darse cuenta de que la verdadera Realidad (=el Reino) ya estaba ahí. Bastaba abrir los ojos y saber mirar la Realidad. Pero, muchas veces, ése es precisamente el problema. No sabemos ver y mirar correctamente la Realidad. Estamos dormid@s, con los ojos cerrados, viviendo en una pseudo-realidad que tomamos por la auténtica ‘Realidad’, porque estamos encerrad@s en nuestra mente egocéntrica, personal o colectivamente.

 

        Los tiempos estaban maduros. Se estaba generando lo Nuevo en aquellos momentos tan críticos. L@s grandes revolucionari@s siempre fueron gente realísticamente optimistas, gente que supo ver más allá de las propias narices, más allá de los comunes prejuicios, o de la represión “educativa” que lleva adelante el Sistema establecido con el fin de mantener los privilegios de los poderosos. Por eso, los momentos más tristes y críticos son también los momentos de los kairoi, de las oportunidades fecundas para transformar la realidad que cargamos.

 

        Est@s innovadores/as radicales no son gente que sólo se deja llevar por sus sueños, por la “lógica del deseo”, sino gente que consigue ver más adelante y más profundo que l@s demás qué está realmente pasando y que encuentra otros caminos diferentes, alternativos, al orden rutinario (y opresor) de cada día. Son posibilistas “realistas”, no conservadores acomodados.

 

        No cabe trazar una frontera dualista entre cambio personal y cambio colectivo, ya que los “dos” están mutuamente implicados e interrelacionados y no se puede comprender el uno sin el otro. Se puede desgajar el uno del otro, pero sólo analíticamente, para entenderlos mejor, tal vez. Pero es mejor concebirlos en una estrecha unidad, mutuamente fecundante. Esto implica una visión más holística de la ‘metánoia’, que la simplemente individualista o colectivista. La conversión es una sola y no acaba con la de un@ mism@, sino que se expande al máximo por todas partes. El Reino es holístico, no fragmentario.

 

15. Finalmente (o al principio) estaba la vivencia de un Dios alternativo al del Orden Establecido. Por lo menos del Dios que se vivencia en lo cotidiano de la vida de opresión y búsqueda de salidas, de un Dios que incita a nuevas posibilidades y que no legitima/fortalece el fetichismo social presente en la sociedad israelita de la época.

 

        La vivencia de Dios del líder Jesús era francamente subversiva para el poder de aquel entonces. Su Dios era un Dios del Amor y no del Deber/Obligación de pagar impuestos y tributos. Era un Dios creador, es decir, posibilitador de la vida, y no un Dios dador de muerte, legitimando prácticas opresoras en su nombre. Siempre la lucha entre el Dios de la Vida y los ídolos de la muerte fue un tema que apasionó a los profetas de Israel. Lo cual también les costó la vida.

 

        El Dios de Jesús no moraba ya en templos y sinagogas, sino que estaba en las casas y en la naturaleza (en lo cotidiano). Amaba a los seres humanos libres y no esclavos. Quería una relación de profunda humanización y no la de la des-humanización del impuesto-deuda-pérdida de tierras (legitimada además en su nombre…). Dios estaba totalmente a favor del ser humano.

 

        Era un Dios del perdón “de tú a tú”, y que no necesitaba pasar por el Templo y por su comercialismo para redimir las culpas. Un Dios no de culpas siempre ocultas (opresión de conciencias en nombre de un purismo legalista imposible de satisfacer: legalismo que conducía a escrúpulos maniáticos), sino de encuentro y de expansión de la vida. En definitiva, un Dios para gente madura, libre, responsable, es decir, un Dios de Vida, y no un dios perverso (pero rentable), comercial, sacrificial, mezquino, dador de muerte (‘mortificador’) lentamente.

 

        Lo importante es que la mediación teológica de este Dios no pasaba ya por el eje Ley-Templo, sino por la práctica de lo cotidiano en inmediatez y libertad. Esto rompía los esquemas del sistema teocrático e imperialista en que se encontraba Israel en aquel entonces. Abriendo los ojos a l@s campesin@s/artesan@s/ esclav@s..., el MJ era un peligro para el Orden Establecido, ya que lo des-legitimaba de raíz y mostraba que otro/s camino/s era/n posible/s.

 

        Bastaba, pues, abrir los ojos y tener fe en las capacidades de cada un@, que no eran sino fuerzas que el propio Dios de la Vida había puesto en cada un@ para desarrollarlas en libertad y ternura. La visión religiosa de Jesús era un visión/práctica feminista frente a una religión del poder, la jerarquía y la violencia (‘masculinista’). Era una religión de profunda confianza en la Vida y en su Autor, viviendo al máximo de intensidad el momento presente. Jesús era también un Maestro, que enseñaba el arte de vivir con la mayor profundidad.

 

        La misma relación de Jesús con su Dios, al que cariñosamente llamaba “Abba”, “papaíto”, era una relación directa e inmediata y desde ella Jesús legitimaba su acción liberadora. Es difícil que un Sistema “funcione” sin las constricciones de un poder sobre l@s demás, en este caso en nombre de un Poder absoluto, el de un Dios. Sin embargo, en el MJ, en su superación del ego individual-colectivo, mediante el Amor con Justicia y Paz total, no era necesario un poder de representantes “teológicos” sobre l@s demás. Era así un movimiento de gente libre, que conducía a más libertad. Y es sabido que el Poder tiene siempre miedo de la Libertad. Parecen ser históricamente dos opuestos irreconciliables.

 

        La autoestima creada por Jesús y su movimiento junto de l@s más oprimid@s no era una autoestima creadora de ego, sino posibilitadora de Espíritu fecundante de las conciencias, corazones y corporalidades. Si el ego desaparecía, se creaba una nueva relación de un@ con un@ misma y con l@s demás. Dios estaba entonces presente en dicha relación “sin fronteras”.

 

        El MJ fue, pues, un movimiento teologal, un movimiento del Espíritu, que liberó a Dios de las cadenas en que los jerarcas del poder y la religión le pusieron, y que, por eso mismo, pudo crear inmensos campos de contrapoder espiritual, cultural, social, político y económico[x]. ¡Era realmente el fin del Sistema, el “Fin del Mundo” (o de “un Mundo”)! En otras palabras, era una Revolución Total.

 

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        Terminamos preguntándonos: ¿Será que esta revolución del MJ tiene todavía sentido hoy o es simplemente ya un monumento “arqueológico”, caduco, del pasado? ¿Dónde está presente hoy el Espíritu de Libertad?

 

“El que domina sus pensamientos

es más grande que

el que domina el mundo”

BUDA

 

rui manuel grácio das neves

managua

11.04.03.



[i]El arte de vivir. Manual de vida (Norma, Bogotá 1995), p. 22.

[ii] Presentada en el Departamento de Ciencias Sociales de la UCA de Managua (Nicaragua), en el año 2000 y recientemente publicada como libro: RUI MANUEL GRÁCIO DAS NEVES, El Movimiento de Jesús. Lectura sociológica (Abya-Yala, Quito 2002).

[iii] Esperamos que quienes lean estas líneas no se asusten de este tipo de análisis, que llevamos emprendiendo hace unos años. Lo denominamos también teo-filo-sociológico, según  el acento investigativo que le queramos dar en cada caso.

[iv] Le debemos a NORMAN K. GOTTWALD la investigación y divulgación de esta problemática en su ya famoso libro: Las tribus de Yahweh. Una Sociología de la Religión del Israel Liberado (Orbis Books/Seminario Teológico Presbiteriano y Reformado de la Gran Colombia, Barranquilla 1992).

[v] En el trabajo sobre estos puntos sería bueno no olvidar los aportes de RICHARD HORSLEY, Sociology and the Jesus Movement (Continuum, New York 1964), así como otros textos. 

[vi] Utilizamos la Biblia de Jerusalén como referencia.

[vii] Son números simbólicos, pero con cierta lógica social o probabilidad, por cuanto no disponemos de estadísticas de la época.

[viii] Citado por ANA MARÍA TEPEDINO, Las discípulas de Jesús (Narcea, Madrid 1994), p. 110.

[ix] Evidentemente, esto no ocurría en todos los lugares. Pudo haber mucha piedad en muchas sinagogas. Los textos neotestamentarios resaltan más bien la fuerte oposición que se dio posteriormente entre el rabinismo (cuyos precursores fueron los fariseos y escribas) y “l@s discípulos del camino” del Nazareno.

[x] Esto lo abordamos un tanto más extensamente en nuestro libro El Dios de Jesús. Una aproximación crítico-liberadora (Nueva Utopía, Madrid 1995), especialmente de las pp. 61-106.

 

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